“China comenzó una guerra contra el crecimiento de la población, pero se convirtió en una verdadera guerra contra su propia gente”. Nanfu Wang.
Introducción
En el año de 1979 China instauró la política de hijo único, la cual sólo permitía tener un hijo por familia fuera de las zonas rurales. La justificación para esta medida era la sobrepoblación, la crisis económica y la falta de alimento que sufría la nación.
Para imponer esta medida, se fortaleció el régimen totalitario; se normalizaron las esterilizaciones y abortos forzosos, inducciones de trabajos de parto y asesinatos de los recien nacidos. Los que se revelaron fueron castigados con multas de miles de yuanes, despojados de sus pertenencias y sus viviendas fueron destruidas. Millones de familias se vieron obligadas a abandonar a sus hijos en las calles, con la esperanza de que encontraran una vida mejor.
Esta política fue abandonada en el año 2015, después de 36 años de muerte, abusos y corrupción. En el documental de Nanfu Wang, se cuentan algunas de estas historias y el impacto que tuvieron en las víctimas y en los perpetradores.
“El día que terminó la política, el partido comunista chino anunció que esa política había hecho al país más poderoso, al pueblo más próspero y al mundo más pacífico”. Nanfu Wang.
Sinopsis
Después de dar a luz a un varón en Estados Unidos, Nanfu Wang rememora su infancia en la provincia de Jiangxi, en China. Nacida en 1985, durante los momentos más duros de la política de hijo único, ahora se da cuenta del adoctrinamiento del que fue víctima durante su vida en aquel país.
Fué durante esa política cuando se instauró un sistema de calificación social, el cual sería un antecesor al actual Sistema de Crédito Social Chino, en el cual se calificaba a las familias de acuerdo a su compromiso con la nación. En cada casa se colocaban placas con estrellas, que calificaban diferentes atributos, una de estas estrellas correspondía a las familias que tenían un sólo hijo. La familia de Nanfu nunca tuvo esa estrella.
“En los festivales todas compartíamos el mismo maquillaje, la misma ropa y la misma mentalidad”. Nanfu Wang.
Debido a que el primogénito de la familia Wang había sido mujer y vivían en una zona rural, les dieron la oportunidad de tener otro hijo, con la condición de que dejaran pasar 5 años. Cuando iba a nacer Zhihao, el hermano menor de Nanfu, su abuela puso un canasto de bambú frente a su madre y le dijo:
“Si es otra niña la ponemos aquí y la dejamos en la calle”. Zaodi Wang.
Tunde Wang, antiguo jefe de la aldea, ahora de 74 años, recuerda lo difícil que fue implementar la política de hijo único y que su mejor herramienta para conseguirlo fue la propaganda.
“La política venía de arriba. Nosotros no queríamos hacerlo, pero no teníamos alternativa. Esa era toda la explicación que podía dar. De lo contrario debíamos demoler sus casas o quitarles las posesiones. Debíamos hacer cumplir las órdenes. Pero la gente se resistía. Me parecía cruel, pero la política era la política”. Tunde Wang.
Huaru Yuan es una mujer afable y sonriente, recibe a Nanfu con alegría y la invita a pasar a su hogar. Ahora tiene 84 años, durante la Política de Hijo Único era la partera local y ayudó a dar a luz a todos en la aldea. No recuerda a cuantos bebés ayudo a nacer, pero calcula que realizó unos 60 mil abortos y esterilizaciones; esos no los olvida. Lleva la cuenta por el sentimiento de culpa de haber causado abortos e inducido nacimientos y después asesinar a los recien nacidos. En ese entonces era normal que secuestraran a las mujeres y las llevaran a esterilizar a la fuerza.
“Me temblaban las manos pero no tenía alternativa, era la política del gobierno. No tomábamos decisiones, sólo cumplíamos órdenes. En ese entonces hacía unas 20 esterilizaciones por día”. Huaru Yuan.
Huaru se retiró hace 27 años y establecío la regla de no atender más partos, esterilizaciones ni abortos. Ahora sólo atiende pacientes con infertilidad y siguiendo el consejo de un monje, trata de cobrar lo menos posible. Cuando le preguntan porque decidió tratar pacientes con problemas de fertilidad contesta de inmediato:
“Para expiar mis pecados, todos los abortos y asesinatos que cometí. Todo se devuelve, habrá un castigo para mí”. Huaru Yuan
Shuqin Jiang, fue una oficial de planificación familiar, honrada en numerosas ocasiones por mantener las poblaciones a su cargo con bajos índices de natalidad, Incluso llegó a ser retratada a lado de Wen Jiabao, quien fue primer ministro del año 2003 al 2013. Shuqin era considerada una heroína nacional por haber ahorrado cientos de millones de yuanes al país.
“Si pudiera volver atrás lo volvería a hacer. De no ser por esta política nuestro país habría muerto”. Shuqin Jiang.
La familia de Nanfu representa muy bien la situación que se vivió en China en esas décadas. Su hermano recuerda con tristeza que de haber sido niña, lo hubieran abandonado lejos en un canasto. Nanfu apenas se da cuenta de que no tiene fotografías con su abuelo, ya que él sólo se retrata con sus nietos varones. Zaodi, la madre de Nanfu, relata cómo ayudó a su hermano a abandonar a su hija recién nacida, después de que su madre amenazara con matarla y suicidarse si no se deshacían de ella.
“La llevamos en un canasto, subimos a las montañas cuando aún no había amanecido. Pusimos 130 yuanes en su ropa y la dejamos en el mostrador de carne del mercado. Estuvo ahí dos días y dos noches. Nadie la quería. Tenía la cara llena de picaduras de mosquitos. Finalmente murió. Luego la enterramos”. Zaodi Wang.
Guijiao Wang, tía de Nanfu por el lado paterno, decidió tomar otro camino y vendió a su hija a unos traficantes de personas, conocidos como Matchmakers, quienes se encargaban de llevar a los bebés a los orfanatos. En 1992, China autorizó las adopciones internacionales para los niños huérfanos, esto dio inicio a un lucrativo mercado negro de niños y bebés.
Un ex traficante de personas, Yueneng Duan, pasó 4 años en prisión, su hermana y asociados pasaron más tiempo. Calcula que envió unos 10 mil bebés a los orfanatos. Relata que desde joven, en su recorrido entre Guang Dong y Hunan siempre encontraba de 3 a 5 bebés abandonados, al principio sólo los dejaba morir, pero cuando se autorizaron las adopciones internacionales, empezó a recogerlos y llevarlos a los orfanatos; donde le pagaban más de 1000 yuanes (unos 200 dólares) por cada uno. El negocio creció tanto que después involucraron a basureros, vendedores de gas, taxistas, y cualquiera que recorriera las calles; muchos de los cuales también fueron arrestados, juzgados y condenados.
El reportero Jiaoming Pan descubrió que varios funcionarios del gobierno, ahora en vez de llevarse un cerdo o tirarles la casa, se llevaban a los niños para venderlos. Cuando salió el reportaje, fue despedido y el gobierno prohibió que se publicara cualquier noticia que tocara ese tema. Amenazado de muerte Jiaoming huyó a Hong Kong, donde publicó sus investigaciones en el libro Los Huérfanos de Shao.
Shuangjie Zeng, La niña que aparece en la portada del libro de Jiaoming Pan fue separada de su gemela a los tres meses de edad, la cual fue adoptada en Estados Unidos y localizada por un reportero de ese país, sin embargo, ella y su familia decidieron alejarse de los medios, pues temían que obligaran a su hija adoptiva a volver a China. Así como la hermana de Shuangjie, miles de bebés fueron secuestrados y vendidos en Estados unidos
“Me pregunto si sus padres adoptivos la tratan bien. Estados Unidos es un país desarrollado ¿verdad? Probablemente desayuna leche y pan. Su vida allá debe ser muy buena”. Shuangjie Zeng
Brian Stuy y Long Lan Stuy, son una pareja radicada en Utah, al rastrear los orígenes de sus hija adoptiva hasta China, se dieron cuenta que la mayoría de los registros eran apócrifos, por lo que fundaron Research-China una fundación que se encarga de buscar a las familias biológicas de niños chinos adoptados en Estados Unidos.
Brian relata que adoptar en China se hizo muy popular, porque estaba muy bien organizado y sabías exactamente como iba a ser el procedimiento y cuanto ibas a pagar. En general, eran entre 10 mil y 25 mil dólares. Calcula que de 1992 a 2018, se han adoptado unos 130 mil bebés chinos en Estados Unidos.
En su proyecto titulado Motivo, el artista Peng Wang pintó un feto en cada página del libro Los pensamientos del jefe Mao. Se preguntaba cómo podía la gente hacer algo así, y concluyó que todo era gracias al adoctrinamiento generado por la propaganda. Frases como: ”El interés colectivo por encima de todo”, “El individuo se somete al colectivo” y “el partido es infalible” se repetían como mantras por toda la nación.
Wang empezó a explorar realmente la Política de Hijo Único en 1996, en ese entonces, el tema de sus pinturas era la basura. Un día, mientras tomaba fotos debajo de un puente, encontró el cadáver de un feto en una bolsa de basura, esto lo impactó tanto que empezó a explorar la política y dedicó su obra a los fetos abandonados. Quería preservar las imágenes para que la gente se diera cuenta de la dimensión del fenómeno, la fragilidad de la vida y el respeto que se merece.
“Lo más trágico para una nación es no tener memoria”. Peng Wang.
Reseña
One Child Nation es un documental sobre una de las políticas nacionales más drásticas y crueles de las últimas décadas. Donde justificado por el bien común, un régimen totalitario obligó a los ciudadanos a enfrentarse y hacerse un gran daño físico y emocional, con el cual tendrán que vivir por el resto de sus días.
La población joven sigue reduciéndose, la gente vieja no tiene quién la cuide y para mantener a la nación se requieren ciudadanos fuertes para laborar. La población menor a 30 años constituye solamente el 35.7% de la población, de estos el 46% son mujeres.
Desde el 2015 China instauró la política de 2 hijos y en el 2021 empezó a promover los 3 hijos, pero esto no parece que vaya a dar resultado. A las generaciones de hijos únicos, no les interesa tener familias grandes en China.
Durante todo el documental veremos surgir constantemente justificaciones a esta política: La política era muy estricta, no había nada que pudieras hacer, no había otra alternativa, El interés colectivo por encima de todo, Sólo cumplía órdenes, Si no lo hubiéramos hecho hubiéramos muerto de hambre, etc. Sin embargo, podemos ver en sus risas nerviosas, en sus prolongados silencios y en sus miradas perdidas; que esas frases vacías ya no son tan reconfortantes.
Hubiera sido muy fácil para Nanfu Wang dejarse llevar por el amarillismo y centrarse en las imágenes de fetos abandonados, de mujeres secuestradas y obligadas a esterilizarse o abortar. Sin embargo, utiliza a su propia familia como hilo conductor para mostrar un lado más humano del fenómeno. One Child Nation es un documental duro, pero vale la pena verlo para tratar de entender este fenómeno y aprender de él.
“Los letreros pintados en mi aldea fueron cambiados. Están borrando los rastros de la política de Hijo Único. Pero el recuerdo de lo que fue realmente la política sobrevive en la mente de quienes la vivieron. Si desaparecen estos recuerdos de la política de Hijo Único, sólo quedará la propaganda”.
Nanfu Wang
