“No es arte pequeño el de dormir: para llegar a dominarlo hay que pasarse todo el día despierto”. Friedrich Nietzsche.
Las tres claves de la salud
Existen tres componentes que conforman la trinidad de la salud: La dieta, el ejercicio y el sueño. Si alguno de estos se descuida, nuestro organismo no podrá rendir al máximo; al desatender varios de ellos simultáneamente, y en alto grado, la salud comenzará a deteriorarse y terminaremos enfermando.
De estos tres, el más importante, es el más olvidado, aunque es el más placentero y no requiere de ningún esfuerzo ni habilidad para llevarse a cabo es el que más sacrificamos: el sueño.
¿Duermes lo suficiente?
Todos los animales estudiados hasta la fecha duermen o presentan un periodo de reposo equivalente al sueño, desde las lombrices de tierra hasta el mítico tiburón, el cual se dice que no duerme, pero simplemente no tiene párpados.
Los humanos somos la única especie que se depriva de esta actividad voluntariamente. Desde que inició la vida industrializada, hemos empezado a dormir cada vez menos y peor. La sociedad actual parece conspirar contra el sueño, ciudades bañadas en luz y sonido que nunca descansan, pantallas llenas de información y entretenimiento las 24 horas del día, agendas llenas de proyectos, jornadas de trabajo interminables y noches de eventos sociales. Alimentos, bebidas y drogas legales e ilegales que prolongan la vigilia o nos dejan inconscientes con un sueño artificial y poco saludable.
En su libro ¿Por qué dormimos? el Dr. Matthew Walker, un neurocientífico mundialmente reconocido por sus investigaciones en el campo del sueño, nos recuerda lo preocupante de esta situación: Cada componente del bienestar y las innumerables costuras del tejido social se están erosionando por nuestro costoso estado de abandono del sueño: ya sea humano o financiero. Tanto es así, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado una epidemia de pérdida de sueño en las naciones industrializadas.
¿Cuáles son los efectos de dormir mal?
Si dormimos rutinariamente menos de seis horas, nuestro sistema inmune se deprime, se duplican las probabilidades de tener cáncer y diabetes, es casi seguro que padezcamos de alzheimer, y el riesgo de enfermedades coronarias se eleva un 45%.
El cerebro es de los primeros órganos que se ven afectados por la falta de sueño, tendremos más problemas para controlar nuestras emociones, se incrementa el riesgo de padecer enfermedades mentales como depresión, ansiedad y esquizofrenia. La posibilidad de suicidio en personas emocionalmente inestables se incrementa alarmantemente cuando estas dejan de dormir.
La inteligencia disminuye, se tienen dificultades para aprender y resolver problemas intelectuales o hacer cálculos simples, es más difícil concentrarse y la memoria a largo plazo no podrá crear nuevos recuerdos. Después de estar despierto más de 19 horas, nuestro cerebro se encuentra tan afectado como el de una persona en estado de ebriedad y al igual que esta, no podemos percibir nuestro nivel de incompetencia para conducir o realizar actividades complejas. Un estudio realizado en Estados Unidos en el 2016, por la Asociación Estadounidense del Automóvil (AAA), reveló que una persona que haya dormido 4 horas o menos, tiene 11.5 veces más probabilidades de padecer un accidente de tránsito que una persona que haya dormido 8 horas o más.
El metabolismo se desequilibra y se incrementa el apetito por alimentos altos en azúcar y sal, si se intenta perder peso y controlar la ingesta calórica, más del 50% del peso perdido proviene de tejido magro debido al desbalance hormonal. Los tendones pierden elasticidad y los músculos tienen dificultad para repararse, incrementando las posibilidades de sobre entrenamiento y lesiones. Nuestro sistema nervioso central se verá afectado y tendremos menos fuerza y coordinación.
¿Qué pasa cuando dormimos correctamente?
Cuando dormimos de 7 a 9 horas, nuestro organismo se re-calibra, nuestra inteligencia trabaja a su máxima capacidad, el cerebro aprende más rápido, la memoria a largo plazo se incrementa y retiene mejor los recuerdos, la creatividad aumenta y relacionamos mejor las ideas. Nuestra capacidad de concentración se acentúa, reduciendo el riesgo de errores y accidentes.
Manejamos mejor el estrés físico y emocional, tomamos decisiones más lógicas, reducimos el riesgo de padecer enfermedades mentales, nuestro estado de ánimo mejora, nos sentimos optimistas y disfrutamos más de la vida. El sistema inmune se fortalece y resiste mejor las infecciones. El endócrino se equilibra regulando la producción hormonal, tenemos menos apetito, nos es más fácil comer saludablemente, metabolizamos mejor la grasa, los músculos se reparan correctamente y el ADN tiene menos riesgos de perder información al replicarse.
Los tendones se estiran mejor. Los músculos se contraen con más fuerza, la coordinación, agilidad y reflejos mejoran, debido a un sistema nervioso central libre de toxinas gracias a que dejamos trabajar al sistema glinfático. Como es de esperarse, los riesgos de una lesión disminuyen considerablemente.
Dormir o no dormir, esa es la cuestión
Si la comunidad científica antes se preguntaba ¿Para que sirve dormir?, ahora la pregunta es ¿Existe alguna función biológica que no se beneficie de dormir? y la respuesta de cientos de estudios es contundente, no, el sueño es vital para todos los procesos biológicos de nuestro organismo.
Ya dormiré cuando me muera dicen algunos, y así será, mientras tanto será una vida más corta, con más probabilidades de enfermedades físicas y mentales. Conforme envejecemos, las consecuencias son más obvias y los síntomas más evidentes. Existe el mito de que las personas mayores necesitan dormir menos, pero es falso. Lo que sucede es que si no se favorecen las condiciones, el organismo irá perdiendo esta capacidad, entrando en un círculo vicioso de deterioro.
Para las personas hiper productivas, dormir es un enemigo a vencer, pero los que han hecho una tregua con él, se han dado cuenta de que es un poderoso aliado; Usain Bolt, el campeón olímpico de velocidad, dormía siestas antes de romper los records mundiales. Albert Einstein trataba de dormir 10 horas antes de trabajar en sus ecuaciones y Winston Churchill, aunque dormía hasta tarde, nunca perdonaba su siesta, aún durante los días más álgidos de la Segunda Guerra Mundial. Inclusive el hiper productivo Elon Musk, que en momentos críticos llega a trabajar hasta 120 horas por semana, trata de dormir por lo menos 6 horas y media para no mermar su rendimiento físico y mental.Sí hubiera una píldora que hiciera por nuestra salud lo que el sueño hace, seguramente estaríamos dispuestos a pagar bastante por ella, desgraciadamente no existe, sin embargo, puedes intentar ganar algo de tiempo a tu jornada y conseguir los beneficios gratis. Tal vez es hora de hacer una tregua y permitirnos dormir, alejarnos de las distracciones del mundo y darnos permiso para descansar. Como decía Aldo Busi “A cierta edad hay que saber que la vida es tiempo robado al sueño”
