Fahrenheit 451 de Ray Bradbury: Mas vigente que nunca. Resumen detallado y análisis

Introducción

Hace 70 años, Ray Bradbury tenía una visión muy clara de lo que estaba pasando con la sociedad y en lo que se podía convertir. Apatía, polarización, indiferencia, ignorancia, adicciones, violencia, desinformación, censura, guerra, propaganda y pantallas en todas partes las 24 horas del día son parte de nuestra vida cotidiana, así como lo son de está novela. A pesar de las décadas, de una forma inquietante, “Fahrenheit 451” se siente más vigente que nunca.

Contexto histórico

La novela de Ray Bradbury tiene profundos antecedentes históricos y sociales que influenciaron su creación. Está inspirada en las quemas de libros llevadas a cabo por los Nazis y la represión ideológica de la Unión Soviética, que marcaron una época de propaganda y control de la información durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría.

Ray Bradbury compartió que sus motivaciones principales para escribir la novela fueron la censura en Estados Unidos y su preocupación por cómo los medios de comunicación masivos estaban reduciendo el interés en la lectura literaria. Veía cómo la sociedad se estaba volviendo cada vez más superficial y desconectada de la reflexión crítica debido a la influencia de la televisión y la radio, su problema no eran los medios en sí, ya que los consideraba buenas herramientas de aprendizaje, su problema es como eran usados por los grupos de poder para distraer y desinformar.

En una entrevista de 1994, Bradbury mencionó que la corrección política en su novela era una alegoría de la censura, siendo el verdadero enemigo, ya que buscaba controlar la libre expresión y la forma de pensar de las personas.

Además, Bradbury estaba consciente de los momentos oscuros en la historia de Estados Unidos, como la conformación del Comité de Actividades Antiestadounidenses en 1938, que vigilaba y vetaba a varios creativos de Hollywood bajo el pretexto de combatir el comunismo. Estos eventos influyeron en su percepción de cómo la censura y la vigilancia gubernamental podrían limitar la libertad de expresión.

Antecedentes

Algunos consideran Fahrenheit 451 un fix-up, que consiste en una combinación de escritos cortos. El tema del libro ya había sido explorado por Bradbury en uno de sus cuentos anteriores entre 1947 y 1948, llamado “Bright Phoenix” donde un bibliotecario confrontaba a un censor que quemaba libros.

Al principio de la novela, Clarisse cuenta como su tío había sido detenido una vez que salió a dar un paseo por la noche. Esta anécdota hace referencia a un cuento anterior de Bradbury llamado “The pedestrian”, donde cuenta la historia de un hombre que es detenido al salir a dar un paseo por la noche, ya que se supone que el único entretenimiento aceptado es ver televisión. Este relato está basado en un hecho real que le sucedió al mismo Bradbury, en una ocasión en que fue detenido por la policía mientras daba un paseo por la calle. Cuando la policía lo detuvo y le preguntó que hacía, él contestó: “Poniendo un pie delante del otro”.

En un inicio sería sólo un relato que iba a combinar los mundos de sus dos cuentos y se llamó “El bombero”, la escribió en 9 días en el sótano de la universidad de California, con una máquina de escribir rentada y fue publicada en 1951, en la revista Galaxy Science Fiction. Después de leerla su editor en Ballantine Books, Stanley Kauffmann lo animó a duplicar el tamaño y escribir una novela más larga, la cual volvió a terminar nueve días después. El título de la obra vino de una consulta que hizo a un bombero preguntando cuál era la temperatura a la que ardía el papel sin hacer contacto con una flama, a lo que el bombero le contestó que eran 451 grados fahrenheit, al parecer, la respuesta correcta es más compleja que esa, pero aún así, funcionó muy bien para la novela.

El mundo de Fahrenheit 451

La novela se desarrolla en algún momento a finales del siglo XX, en un país muy similar a Estados Unidos, esta nación ha iniciado y ganado dos guerras atómicas desde 1960 y siempre está al borde de una nueva guerra. Los aviones de bombardeo sobrevuelan constantemente la ciudad, convirtiéndose en algo cotidiano para los habitantes. 

En este mundo distópico, los bomberos tienen un papel siniestro: no apagan incendios, sino que queman libros, silenciando cualquier forma de conocimiento y pensamiento crítico. Aún así, sólo son un espectáculo más para las masas, ya que en realidad, los libros fueron extinguiéndose porque a la mayoría no les interesaba seguir adquiriendo conocimiento. Los bomberos cuentan con un sabueso mecánico que es capaz de rastrear a cualquier persona a través de su olor y cuando la encuentra, utiliza un aguijón para anestesiarlo o envenenarlo.

 Salir a pasear por la noche es sospechoso y la libertad de expresión está severamente restringida, un paso en falso, un comentario sospechoso y tus vecinos podrían denunciarte. 

Los niños son enviados a la escuela desde muy jóvenes, evitando que los padres se involucren en la crianza y educación de sus hijos, de este modo, es más fácil adoctrinarlos y convertirlos en un engranaje más para la gran máquina.

En este aparente mundo feliz plagado de problemas sociales, abunda el abuso de drogas y las sobredosis son algo común, los jóvenes se divierten conduciendo sus coches cohete y atropellando a los peatones a altas velocidades o visitando parques de diversiones, donde se entretienen destruyendo objetos. En este mundo de aparente libertad, todo está permitido, excepto cuestionar el status quo.

Personajes principales

Guy Montag. 

El protagonista de la novela, Guy Montag, es un bombero de 30 años, de piel blanca, pelo oscuro y ojos penetrantes. Al inicio de la novela, es un hombre confiado y satisfecho con su trabajo, pero en el último año ha empezado a tener dudas e inseguridad. Su encuentro con Clarisse McClellan despierta una curiosidad y descontento que lo lleva a cuestionar su existencia y su rol como quemador de conocimiento. A medida que avanza la historia, su sed de verdad y significado lo impulsa a rebelarse contra el régimen opresivo y a luchar por la preservación de la sabiduría contenida en los libros, enfrentándose a los desafíos y sacrificios que conlleva revelarse y encontrar su propia identidad en ese mundo.

A lo largo de la novela, Montag representa la lucha por la libertad de pensamiento y expresión, así como el derecho al conocimiento. Su transformación personal refleja la esperanza de que incluso en la sociedad más oscura, el individuo puede encontrar el valor de rebelarse. 

Clarisse McClellan

Clarisse McClellan es descrita como una joven de 17 años de rostro delgado y blanco como la leche, con unos curiosos ojos de color ambar violeta a los que nada se les escapa y un dinámico cuerpo esbelto. Es una joven de espíritu libre y curiosidad inquebrantable que se convierte en un catalizador para el protagonista. Su carácter radiante y su inusual amor por las pequeñas maravillas de la vida, contrastan con la sociedad en la que vive. Clarisse cuestiona el mundo, incitando a Montag a reflexionar sobre su propia existencia y el propósito de su trabajo como bombero. Su encuentro marca un punto de inflexión en la historia, dejando una huella duradera en él y desencadenando su viaje hacia la rebelión contra el régimen en la búsqueda de la verdad y la libertad.

Mildred

Mildred es la esposa de Guy Montag y representa la apatía y la alienación en la sociedad distópica en la que viven. Es superficial, obsesionada con las pantallas de televisión y las «paredes parlantes», a las que llama su familia. Incapaz de conectar emocionalmente con Guy o comprender sus inquietudes, busca escapar de la realidad con drogas y entretenimiento vacío. Su falta de interés por los libros y la búsqueda de conocimiento reflejan la indiferencia generalizada de la sociedad ante la verdad y la profunda desconexión de la humanidad en ese mundo. Mildred encarna la tragedia de una vida sin significado y se convierte en un ejemplo doloroso de las consecuencias de una existencia carente de empatía y propósito.

Capitán Beatty

El personaje más interesante y complejo de la novela es El Capitán Beatty, quien es el jefe de Guy Montag en la brigada de bomberos. Es un hombre astuto y conocedor, cuya aparente sabiduría encubre un profundo conflicto interno. Aunque es un feroz defensor del régimen opresivo que quema libros, se revela que alguna vez fue un ávido lector y posee un vasto conocimiento literario. Su habilidad para citar obras y autores durante sus conversaciones revela su comprensión sobre el valor de los libros, pero su lealtad al gobierno lo lleva a reprimir y eliminar cualquier forma de pensamiento crítico.

Bradbury, utiliza la voz Beatty para exponer sus reflexiones sobre la sociedad y explicarnos como fue que el mundo llegó a esa situación: A través de la falsa compasión y la promesa de felicidad e igualdad para todos.

cita

—Has de comprender que nuestra civilización es tan vasta que no podemos permitir que nuestras minorías se alteren o exciten. Pregúntate a ti mismo: ¿Qué queremos en esta nación, por encima de todo? La gente quiere ser feliz, ¿no es así? ¿No lo has estado oyendo toda tu vida? «Quiero ser feliz», dice la gente. Bueno, ¿no lo son? ¿No les mantenemos en acción, no les proporcionamos diversión? Eso es para lo único que vivimos, ¿no? ¿Para el placer y las emociones? Y tendrás que admitir que nuestra civilización se lo facilita en abundancia.

fin de la cita

Beatty representa dos facetas contradictorias de la sociedad: por un lado, personifica la búsqueda de la felicidad superficial aceptando el control y la manipulación; por otro lado, siente la necesidad de enfrentar la realidad, aceptar sus responsabilidades y ejercer su libertad. Montag refleja la batalla interna de Beatty, ya que él mismo se debate entre seguir el sistema establecido o rebelarse contra él.

Faber

Faber es un anciano profesor retirado que se convierte en el mentor y aliado secreto de Guy Montag. Es un hombre inteligente y reflexivo, lleno de sabiduría y conocimiento, que lamenta el estado de su sociedad y siente la culpa de no haber actuado cuando tuvo alguna oportunidad. Aunque temeroso de enfrentar directamente al régimen, Faber comprende la importancia de preservar el conocimiento y ayuda a Montag a encontrar su camino hacia la redención. Su valioso audífono transmisor se convierte en un símbolo de conexión y resistencia, y su guía emocional y filosófica es fundamental para la transformación de Montag en un defensor de la libertad y el conocimiento.

Granger

Granger es un hombre carismático y líder de un grupo de vagabundos que viven fuera de la opresiva sociedad. Es sabio, compasivo y tiene una visión clara del mundo en el que vive. Granger representa la esperanza y la resistencia en medio de la oscuridad, y su objetivo es preservar la sabiduría contenida en los libros para un futuro renacimiento de la humanidad. Es un intelectual y ayuda a memorizar obras literarias para protegerlas del olvido y la destrucción sin generar sospechas. Su grupo, formado por antiguos intelectuales y académicos, se esfuerza por reconstruir una sociedad más significativa y comprensiva. Granger es el guía espiritual y el símbolo de la posibilidad de un futuro mejor. 

Resumen

Advertencia de Spoilers

Primera parte – Era estupendo quemar (The Hearth and the Salamander)

Guy Montag, un bombero encargado de quemar libros, se encuentra con Clarisse McClellan, una joven vecina que lo cuestiona sobre la vida y el mundo en el que viven. Esta breve interacción despierta en Guy un sentimiento de curiosidad y cierto malestar con su realidad.

Más tarde, Mildred, la esposa de Guy, tiene una sobredosis de somníferos y Guy entra en pánico. Llama a un servicio de emergencia especializado en limpiar los efectos de las sobredosis. Los operarios son más una suerte de plomeros que paramédicos y realizan su rutinario trabajo, sin mostrar la mínima empatía, ya que atienden numerosos casos similares cada noche.

Guy entabla una amistad con Clarisse quién camina con él en las tardes al regresar a casa, con sus charlas lo hace cuestionar su existencia y el propósito de su trabajo. Sin embargo, unos días después, Clarisse desaparece. 

En el trabajo, al acudir a una llamada de los bomberos, Montag va a la casa de una mujer que se niega a abandonar su casa, mientras preparan la hoguera y vacían el combustible, uno de los libros cae cerca de Guy y decide robarlo. La mujer, en un acto de desafío, decide prenderse fuego junto a sus queridos libros antes de que los bomberos los destruyan.

Después de la experiencia Montag queda muy afectado, mientras trata de buscar consuelo con Mildred, ella indiferente le cuenta que Clarisse fue atropellada y falleció cuatro días atrás. La noticia lo deja devastado y decide no ir a trabajar.

Más tarde ese día, el Capitán Beatty, el jefe de Guy, sospecha de la lealtad de Montag y lo visita. Beatty le revela la verdadera historia de los bomberos y le explica que los libros se queman porque pueden confundir y deprimir a las personas, haciéndolas infelices. Que para que la gente sea feliz el gobierno debe protegerlos reduciendo sus responsabilidades y sus libertades, diciéndoles lo que deben hacer y pensar, reduciendo su capacidad de decisión y buscando que todos sean iguales, evitando que cualquiera destaque ya sea por su apariencia, su inteligencia, su trabajo o cualquier otra característica, ya que esto puede hacer que otras personas se sientan mal consigo mismas y se sientan infelices. Además, le dice que la mayoría de los bomberos pasan por momentos de duda en algún momento de su vida y que si alguno llega a tomar un libro, se le permite quemarlo en las próximas 24 horas sin consecuencias.

Impulsado por la visita de Beatty y su creciente inquietud, Guy le confiesa a Mildred que ha estado recolectando libros en secreto durante el último año y los ha escondido en el conducto de aire acondicionado de su hogar. Guy intenta convencer a Mildred de leer los libros para entender por que son tan peligrosos, pero ambos carecen de la capacidad de comprensión necesaria y no encuentran sentido en ellos.

Segunda parte – La criba y la arena (The Sieve and the Sand)

Guy Montag intenta despertar a su esposa Mildred sobre lo vacías y superficiales que son sus vidas, pero ella solo muestra interés en su existencia frívola y sin sentido. Entonces Guy recuerda a un viejo profesor al cual sorprendió mientras leía un libro en un parque hace unos años y decide contactarlo.

A pesar de la desconfianza del profesor Faber, Guy organiza una cita y lleva consigo la vieja y rara copia de la Biblia que tomó de casa de la anciana. Después de conversar y demostrar su compromiso, Guy convence a Faber de que lo ayude a combatir el sistema, así que el profesor le proporciona un audífono transmisor que él construyó para mantenerse comunicados.

De regreso en casa, harto de escuchar las absurdas conversaciones de Mildred y sus amigas, Montag va por un libro de poesía a pesar de que Faber trata de detenerlo por el audífono sin tener éxito. Guy decide leer «Dover Beach» de Matthew Arnold, confundiendo a las amigas de Mildred mientras la señora Phelps comienza a sollozar sin saber por qué, confirmando sus creencias de la maldad contenida en los libros. Mildred intenta convencer a sus amigas de que es una broma, pero no tiene éxito y ellas se van de la casa ofendidas.

Después de que las amigas se van, Mildred se encierra en el baño y trata de suicidarse con una sobredosis de pastillas. Guy esconde sus libros en el patio trasero para tratar de protegerlos.

Sabiendo que no tiene otra opción, al día siguiente Montag lleva el libro a la estación de bomberos. Beatty lo quema sin ceremonias en un bote de basura y después le cuenta que tuvo un sueño en el que ambos discutían sobre los libros, al narrarle el sueño, Beatty hace gala de sus conocimientos literarios, al repetir los diálogos en los cuales ambos debaten citando diversos autores. El monólogo se detiene cuando la alarma suena y todos tienen que acudir al llamado

Tercera Parte – Arde brillante (Burning bright)

Guy Montag se enfrenta a una aterradora realidad cuando descubre que la brigada de bomberos está frente a su casa. Beatty revela que su esposa, Mildred, y sus amigas lo denunciaron. Mildred se va, y Beatty lo obliga a quemar su propia casa con un lanzallamas en vez de la salamandra. 

Mientras Montag quema su casa y libros, Beatty no deja de provocarlo, hasta que este pierde la cordura y lo ataca, durante el enfrentamiento, Beatty encuentra el audífono de Faber y amenaza con perseguirlo. Guy, en medio de la desesperación y la ira, quema a Beatty con el lanzallamas y noquea a sus compañeros. El sabueso robot ataca a Guy, inyectándole anestésico, pero él logra destruirlo con el lanzallamas y huye del lugar.

Mientras oscurece trata de llegar a casa de Faber para que lo ayude a escapar, en el camino casi es atropellado por un coche cohete conducido por unos jóvenes y Montag se pregunta si serán los mismos que asesinaron a Clarisse.

Al llegar con Faber, este le aconseja que huya hacia el campo y busque a unos amantes de libros que viven como vagabundos. El tiene planes de huir en un autobús hacia San Luis para reunirse más adelante. Montag limpia su rastro y huye hacia el campo.

La cacería de Montag se convierte en un circo mediático y traen un nuevo sabueso para perseguirlo. Después de escapar por el río, Guy se encuentra con unos vagabundos liderados por un hombre llamado Granger. 

Se reúnen enfrente de un televisor para ver la búsqueda de Montag. Granger le explica que la persecución terminará con un chivo expiatorio, ya que han perdido el rastro y no pueden mantener la atención del público por mucho tiempo. 

Los vagabundos resultan ser antiguos intelectuales y académicos que han optado por memorizar los  libros para estar a salvo, esperan el momento adecuado para transcribir sus memorias y reconstruir la sociedad. Montag admite que ha intentado memorizar el libro de Eclesiastés sin éxito alguno. Granger le dice que no se preocupe y le revela que tienen un método para ayudar a recordar cualquier cosa que hayas leído. Cada uno de ellos se identifica con un libro, así que aunque ya cuentan con un Eclesiastés, Montag se convierte en su respaldo. 

Poco tiempo después, presencian a lo lejos cómo unos bombarderos sobrevuelan la ciudad y la destruyen con bombas atómicas. A pesar de la distancia la onda de choque los alcanza pero logran sobrevivir. Finalmente, en unos cuantos minutos, la guerra ha comenzado y terminado.

Montag espera que Faber haya logrado salir de la ciudad, pero está seguro de que Mildred ha muerto. Aunque heridos, los rebeldes deciden que es el momento de regresar a la ciudad para ayudar a los heridos y como el Fénix, comenzar a reconstruir a la sociedad desde sus cenizas.

Recepción

La novela se publicó en Estados Unidos el 19 de octubre de 1953, recibiendo una crítica polarizada, fue censurada en algunos países como sudáfrica y en algunas escuelas de Estados Unidos, pero en general fue bien recibida y al paso del tiempo obtuvo varios premios como:

  • El Premio de literatura de la academia estadounidense de las artes y las letras en 1954.
  • El Premio literario prometeo de ciencia ficción en 1984.
  • El Premio Hugo de manera retroactiva en 2004.
  • e inclusive Bradbury ganó un Grammy por el audiolibro en 1976.

Después de que la novela alcanzara la fama, salió una edición especial de 200 ejemplares encuadernados en asbesto y en 1954 la novela fue serializada en la revista Playboy durante los meses de marzo, abril y mayo.

En 1967 la editorial comenzó a publicar una versión de la novela censurada, modificando 75 pasajes. En 1973 sólo publicaba la versión censurada. En 1979, al enterarse Bradbury, exigió la publicación de la versión original la cual volvió a publicarse en 1980,  en el epílogo de las siguientes ediciones mencionó que no toleraría la práctica de la mutilación de los manuscritos.

Adaptaciones

En 1966 Francois Truffat hizo una adaptación de la novela del mismo nombre con Oskar Wegner como Montag y Julie Christie como Clarisse y Linda, que fue el nombre que le dieron al personaje de Mildred. La adaptación guarda varias similitudes con la novela, conservando el mensaje principal e incluye varios diálogos de la misma, sin embargo en esta versión se omite el personaje de Faber y su peso argumental es trasladado a Clarisse. El final de la película es más complaciente que la novela. Bradbury se mostró complacido con esta versión, sin embargo, consideró un error haber utilizado a Julie Christie para hacer ambos papeles.

En 1979 el mismo Bradbury montó una puesta en escena y ayudó a desarrollar un videojuego interactivo del mismo nombre en 1984.

En 2018, HBO hizo una nueva adaptación dirigida por Ramin Bahrani y protagonizada por el actor Michael B. Jordan  y Michael Shannon. Esta versión guarda muy pocas similitudes con la novela, no aparece el personaje de Mildred y Clarisse es una joven rebelde que trafica información, lo que elimina dos personajes arquetípicos vitales para la historia. La película se centra en los efectos especiales, las escenas de acción, así como los nuevos valores de Hollywood y termina convirtiéndose en un excelente ejemplo de lo que Bradbury pensaba que estaba mal con los medios masivos de comunicación.

Análisis

«Fahrenheit 451» es una obra literaria que ha demostrado ser asombrosamente precisa en sus predicciones sociales y culturales a lo largo de los años. La opresión se manifiesta a través de la censura y la quema de libros, lo que mantiene a la población alienada y manipulable. A medida que el conocimiento es suprimido, la gente carece de la capacidad de pensar análiticamente y cuestionar la autoridad, lo que beneficia al status quo al evitar la disidencia y el progreso social.

La obra de Bradbury se puede utilizar como una poderosa analogía con las redes sociales y la desinformación en la era moderna. Al igual que los bomberos en la novela, los grupos de poder utilizan las redes sociales como una herramienta de censura, cancelación y linchamiento público, donde la información puede ser distorsionada, suprimida o falsificada para controlar la percepción de la realidad. La adicción al placer inmediato y la sobreabundancia de entretenimientos fáciles, breves, y frívolos han creado una sociedad desconectada de los verdaderos problemas que hay que resolver.

La novela nos recuerda la importancia de preservar la libertad intelectual, fomentar la reflexión y el conocimiento, y estar alerta ante la manipulación de la verdad en la era de la información. Guy Montag simboliza la transformación de la indiferencia a la conciencia y la búsqueda de la verdad y una vida con sentido a pesar del sufrimiento y la responsabilidad que esto conlleva.

Ray Bradbury advierte sobre el peligro de no conocer nuestro pasado y sus lecciones. El mundo distópico retratado en la novela ha borrado la historia al suprimir los libros, lo que ha llevado a una sociedad ignorante y desconectada de su pasado, condenada a repetir los mismos errores y como el fénix, convertirse en cenizas y volver a comenzar desde el principio.

Bradbury nos recuerda la importancia de preservar la memoria colectiva y su sabiduría, salvaguardar nuestra libertad de expresión y aprendizaje, para poder aspirar a un futuro mejor, más justo, más consciente y más iluminado.

Conclusiones

La novela de Bradbury es una lectura obligada para entender el mundo actual, analizar la sociedad en la que vivimos y pensar hacia dónde queremos llevarla. Esperemos que las lecciones de Fahrenheit 451 nos ayuden a valorar nuestras libertades y lo afortunados que somos al tener acceso a nuestra historia y el conocimiento colectivo. Es muy fácil dar por hecho todo lo que tenemos y pasar por alto el esfuerzo y sacrificio de nuestros antepasados, para conseguir los privilegios con los que contamos actualmente, pero tenemos que darnos cuenta de que si no ponemos atención, cuando menos lo esperemos, podríamos estar viviendo nuestra propia distopía.

Citas y fragmentos destacados

—Bueno —le dijo ella por fin—, tengo diecisiete años y estoy loca. Mi tío dice que ambas cosas van siempre juntas. Cuando la gente te pregunta la edad, dice, contesta siempre: diecisiete años y loca.

***

En aquel momento, Clarisse McClellan dijo:

—¿No le importa que le haga preguntas? ¿Cuánto tiempo lleva trabajando de bombero?

—Desde que tenía veinte años, ahora hace ya diez años.

—¿Lee alguna vez alguno de los libros que quema?

Él se echó a reír. —¡Está prohibido por la ley!

—¡Oh! Claro…

—Es un buen trabajo. El lunes quema a Millay, el miércoles a Whitman, el viernes a Faulkner, conviértelos en ceniza y, luego, quema las cenizas. Este es nuestro lema oficial.

Siguieron caminando y la muchacha preguntó:

—¿Es verdad que, hace mucho tiempo, los bomberos apagaban incendios, en vez de provocarlos?

—No. Las casas han sido siempre a prueba de incendios. Puedes creerme. Te lo digo yo.

—¡Es extraño! Una vez, oí decir que hace muchísimo tiempo las casas se quemaban por accidente y hacían falta bomberos para apagar las llamas.

Montag se echó a reír.

***

—Casi nunca veo la televisión mural, ni voy a las carreras o a los parques de atracciones. Así, pues, dispongo de muchísimo tiempo para dedicarlos a mis absurdos pensamientos.

***

Empezó a andar por el pasillo que conducía hacia su casa. Después, pareció recordar algo y regresó para mirar a Montag con expresión intrigada y curiosa.—¿Es usted feliz? —preguntó.

—¿Que si soy qué? —replicó él.

Pero ella se había marchado, corriendo bajo el claro de luna. La puerta de la casa se cerró con suavidad.

***

—El psiquiatra quiere saber por qué salgo a pasear por el bosque, a observar a los pájaros y a coleccionar mariposas. Un día, le enseñaré mi colección.

***

Bueno, ¿no existía una muralla entre él y Mildred pensándolo bien? Literalmente, no sólo un muro, tres, en realidad. Y, además, muy caros. Y los tíos, las tías, los primos, las sobrinas, los sobrinos que vivían en aquellas paredes, la farfullante pandilla de simios que no decían nada, nada, y lo decían a voz en grito.

***

—Ahora, consideremos las minorías en nuestra civilización. Cuanto mayor es la población, más minorías hay. No hay que meterse con los aficionados a los perros, a los gatos, con los médicos, abogados, comerciantes, cocineros, mormones, bautistas, unitarios, chinos de segunda generación, suecos, italianos, alemanes, tejanos, irlandeses, gente de Oregón o de México. En este libro, en esta obra, en este serial de televisión la gente no quiere representar a ningún pintor, cartógrafo o mecánico que exista en la realidad. Cuanto mayor es el mercado, Montag, menos hay que hacer frente a la controversia, recuerda esto. Todas las minorías menores con sus ombligos que hay que mantener limpios. Los autores, llenos de malignos pensamientos, aporrean máquinas de escribir. Eso hicieron. Las revistas se convirtieron en una masa insulsa y amorfa. Los libros, según dijeron los críticos esnobs, eran como agua sucia. No es extraño que los libros dejaran de venderse, decían los críticos. Pero el público, que sabía lo que quería, permitió la supervivencia de los libros de historietas. Y de las revistas eróticas tridimensionales, claro está. Ahí tienes, Montag. No era una imposición del Gobierno. No hubo ningún dictado, ni declaración, ni censura, no. La tecnología, la explotación de las masas y la presión de las minorías produjo el fenómeno, a Dios gracias. En la actualidad, gracias a todo ello, uno puede ser feliz continuamente, se le permite leer historietas ilustradas o periódicos profesionales.

***

 Como las universidades producían más corredores, saltadores, boxeadores, aviadores y nadadores, en vez de profesores, críticos, sabios, y creadores, la palabra «intelectual», claro está, se convirtió en el insulto que merecía ser. Siempre se teme lo desconocido. Sin duda, te acordarás del muchacho de tu clase que era excepcionalmente «inteligente», que recitaba la mayoría de las lecciones y daba las respuestas, en tanto que los demás permanecían como muñecos de barro, y le detestaban. ¿Y no era ese muchacho inteligente al que escogían para pegar y atormentar después de las horas de clase? Desde luego que sí. Hemos de ser todos iguales. No todos nacimos libres e iguales, como dice la Constitución, sino todos hechos iguales. Cada hombre, la imagen de cualquier otro. Entonces todos son felices, porque no pueden establecerse diferencias ni comparaciones desfavorables. ¡Ea! Un libro es un arma cargada en la casa de al lado. Quémalo. Quita el proyectil del arma. Domina la mente del hombre. ¿Quién sabe cuál podría ser el objetivo del hombre que leyese mucho?

***

—Has de comprender que nuestra civilización es tan vasta que no podemos permitir que nuestras minorías se alteren o exciten. Pregúntate a ti mismo: ¿Qué queremos en esta nación, por encima de todo? La gente quiere ser feliz, ¿no es así? ¿No lo has estado oyendo toda tu vida? «Quiero ser feliz», dice la gente. Bueno, ¿no lo son? ¿No les mantenemos en acción, no les proporcionamos diversiones? Eso es para lo único que vivimos, ¿no? ¿Para el placer y las emociones? Y tendrás que admitir que nuestra civilización se lo facilita en abundancia.

***

—A la gente de color no le gusta El pequeño Sambo. A quemarlo. La gente blanca se siente incómoda con La cabaña del tío Tom. A quemarlo. Escribe un libro sobre el tabaco y el cáncer de pulmón ¿Los fabricantes de cigarrillos se lamentan? A quemar el libro. Serenidad, Montag. Líbrate de tus tensiones internas. Mejor aún, lánzalas al incinerador. ¿Los funerales son tristes y paganos? Eliminémoslos también. Cinco minutos después de la muerte de una persona en camino hacia la Gran Chimenea, los incineradores son abastecidos por helicópteros en todo el país. Diez minutos después de la muerte, un hombre es una nube de polvo negro. No sutilicemos con recuerdos acerca de los individuos. Olvidémoslos. Quemémoslo todo, absolutamente todo. El fuego es brillante y limpio.

***

Beatty se puso en pie. —He de marcharme. El sermón ha terminado. Espero haber aclarado conceptos. Lo que importa que recuerdes, Montag, es que tú, yo y los demás somos los Guardianes de la Felicidad. Nos enfrentamos con la pequeña marea de quienes desean que todos se sientan desdichados con teorías y pensamientos contradictorios. Tenemos nuestros dedos en el dique. Hay que aguantar firme. No permitir que el torrente de melancolía y la funesta Filosofía ahoguen nuestro mundo. Dependemos de ti. No creo que te des cuenta de lo importante que eres para nuestro mundo feliz, tal como está ahora organizado.

***

No podemos determinar el momento concreto en que nace la amistad. Como al llenar un recipiente gota a gota, hay una gota final que lo hace desbordarse, del mismo modo, en una serie de gentilezas hay una final que acelera los latidos del corazón…Montag se quedó escuchando el ruido de la lluvia.

—¿Era eso lo que había en esa muchacha de al lado? ¡He tratado de comprenderlo!

—Ella ha muerto. Por amor de Dios, hablemos de alguien que esté vivo.

***

—¡Válgame Dios! —dijo Montag—. Siempre tantos chismes de ésos en el cielo. ¿Cómo diantres están esos bombarderos ahí arriba cada segundo de nuestras vidas? ¿Por qué nadie quiere hablar acerca de ello? Desde 1960, iniciamos y ganamos dos guerras atómicas. ¿Nos divertimos tanto en casa que nos hemos olvidado del mundo? ¿Acaso somos tan ricos y el resto del mundo tan pobre que no nos preocupamos de ellos? He oído rumores. El mundo padece hambre, pero nosotros estamos bien alimentados. ¿Es cierto que el mundo trabaja duramente mientras nosotros jugamos? ¿Es por eso que se nos odia tanto? También he oído rumores sobre el odio, hace muchísimo tiempo. ¿Sabes tú por qué? ¡Yo no, desde luego! Quizá los libros puedan sacarnos a medias del agujero. Tal vez pudieran impedirnos que cometiéramos los mismos funestos errores. No esos estúpidos en tu sala de estar hablando de, Dios, Millie, ¿no te das cuenta? Una hora al día, horas con estos libros, y tal vez…

***

 Fue un extraño encuentro. El viejo admitió ser un profesor de Literatura retirado que, cuarenta años atrás, se quedó sin trabajo cuando la última universidad de Artes Liberales cerró por falta de estudiantes. Se llamaba Faber, y, cuando por fin dejó de temer a Montag, habló con voz llena de cadencia, contemplando el cielo, los árboles y el exuberante parque; y al cabo de una hora dijo algo a Montag, y éste se dio cuenta de que era un poema sin rima. Después, el viejo aún se mostró más audaz y dijo algo, y también se trataba de un poema. Faber apoyó una mano sobre el bolsillo izquierdo de su chaqueta y pronunció las palabras con suavidad, y Montag comprendió que, si alargaba la mano, sacaría del bolsillo del viejo un libro de poesías. Pero no lo hizo. Sus manos permanecieron sobre sus rodillas, entumecidas e inútiles.

***

La puerta se abrió lentamente. Faber atisbó, parecía muy viejo, muy frágil y muy asustado. Él tenía aspecto de no haber salido de la casa en años. Él y las paredes blancas de yeso del interior eran muy semejantes. Había blancura en la pulpa de sus labios, en sus mejillas, y su cabello era blanco, mientras sus ojos se habían descubierto, adquiriendo un vago color azul blancuzco. Luego, su mirada se fijó en el libro que Montag llevaba bajo el brazo, y ya no pareció tan viejo ni tan frágil. Lentamente, su miedo desapareció.

***

 Mr. Montag, está usted viendo a un cobarde. Hace muchísimo tiempo, vi cómo iban las cosas. No dije nada. Soy uno de los inocentes que hubiese podido levantar la voz cuando nadie estaba dispuesto a escuchar a los «culpables», pero no hablé y, de este modo, me convertí, a mi vez un culpable. Y cuando, por fin, establecieron el mecanismo para quemar los libros, por medio de los bomberos, rezongué unas cuantas veces y me sometí, porque ya no había otros que rezongaran o gritaran conmigo. Ahora es demasiado tarde.

***

—Es usted un romántico sin esperanza —dijo Faber—. Resultaría divertido si no fuese tan grave. No son libros lo que usted necesita, sino alguna de las cosas que en un tiempo estuvieron en los libros. El mismo detalle infinito y las mismas enseñanzas podrían ser proyectados a través de radios y televisores, pero no lo son. No, no: no son libros lo que usted está buscando. Búsquelo donde pueda encontrarlo, en viejos discos, en viejas películas y en viejos amigos; búsquelo en la Naturaleza y búsquelo por sí mismo. Los libros sólo eran un tipo de receptáculo donde almacenábamos una serie de cosas que temíamos olvidar. No hay nada mágico en ellos. La magia sólo está en lo que dicen los libros, en cómo unían los diversos aspectos del Universo hasta formar un conjunto para nosotros. Desde luego, usted no puede saber esto, sigue sin entender lo que quiero decir con mis palabras. Intuitivamente, tiene usted razón, y eso es lo que importa.

***

 Recuerde, los bomberos casi nunca actúan. El público ha dejado de leer por propia iniciativa. Ustedes, los bomberos, constituyen un espectáculo en el que, de cuando en cuando, se incendia algún edificio, y la multitud se reúne a contemplar la bonita hoguera, pero, en realidad, se trata de un espectáculo de segunda fila, apenas necesario para mantener la disciplina.

***

 Un minuto más tarde, tres muñecos de dibujos animados se destrozaron mutuamente los miembros con acompañamiento de grandes oleadas de risa. Dos minutos más tarde, y la sala abandonó la ciudad para ofrecer el espectáculo de unos autos a reacción que recorrían velozmente un autódromo golpeándose unos contra otros incesantemente. Montag vio que algunos cuerpos volaban por el aire.

***

—¿Cuándo creéis que va a estallar la guerra? —preguntó él—. Veo que vuestros maridos no han venido esta noche.—Oh, vienen y van, vienen y van —dijo Mrs. Phelps—. Una y otra vez. El Ejército llamó ayer a Pete. Estará de regreso la semana próxima. Eso ha dicho el Ejército. Una guerra rápida. Cuarenta y ocho horas, y todos a casa. Eso es lo que ha dicho el Ejército. Una guerra rápida. Pete fue llamado ayer y dijeron que estaría de regreso la semana próxima.

***

Montag movió los labios.—Charlemos.Las mujeres se le quedaron mirando.—¿Cómo están sus hijos, Mrs. Phelps? —preguntó él.

—¡Sabe que no tengo ninguno! ¡Nadie en su juicio los tendría, bien lo sabe Dios! —exclamó Mrs. Phelps, no muy segura de por qué estaba furiosa contra aquel hombre.

—Yo no afirmaría tal cosa —dijo Mrs. Bowles—. He tenido dos hijos mediante una cesárea. No tiene objeto pasar tantas molestias por un bebé. El mundo ha de reproducirse, la raza ha de seguir adelante. Además, hay veces en que salen igualitos a ti, y eso resulta agradable. Con dos cesáreas, estuve lista. Sí, señor. ¡Oh! El doctor dijo que las cesáreas no son imprescindibles, tenía buenas caderas, que todo iría normalmente, yo insistí.

—Con cesárea o sin ella, los niños resultan ruinosos. Estás completamente loca —dijo Mrs. Phelps.

—Tengo a los niños en la escuela nueve días de cada diez. Me entiendo con ellos cuando vienen a casa, tres días al mes. No es completamente insoportable. Los pongo en el «salón» y conecto el televisor. Es como lavar ropa; meto la colada en la máquina y cierro la tapadera. —Mrs. Bowles rió entre dientes—. Son tan capaces de besarme como de pegarme una patada. ¡Gracias a Dios, yo también sé pegarlas!Las mujeres rieron sonoramente.

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 ¿Sabes? Hace una hora he tenido un sueño. Me había tendido a descabezar un sueñecito. Y, en este sueño, tú y yo, Montag, nos enzarzamos en un furioso debate acerca de los libros. Tú estabas lleno de rabia, me lanzabas citas. Yo paraba, con calma, cada ataque. Poder, he dicho. Y tú, citando al doctor Johnson, has replicado: ¡El conocimiento es superior a la fuerza! Y yo he dicho: «Bueno, querido muchacho», el doctor Johnson también dijo: Ningún hombre sensato abandonará una cosa cierta por otra insegura. Quédate con los bomberos, Montag. ¡Todo lo demás es un caos terrible!—No le hagas caso —susurró Faber—. Está tratando de confundirte. Es muy astuto. ¡Cuidado!Beatty rió entre dientes.—Y tú has replicado, también con una cita: La verdad saldrá a la luz, el crimen no permanecerá oculto mucho tiempo. Y yo he gritado de buen humor: ¡Oh, Dios! ¡Sólo está hablando de su caballo! Y: El diablo puede citar las Escrituras para conseguir sus fines. Y tú has vociferado: Esta época hace más caso de un tonto con oropeles que de un santo andrajoso de la escuela de la sabiduría. Y yo he susurrado amablemente: La dignidad de la verdad se pierde con demasiadas protestas. Y tú has berreado: Las carroñas sangran ante la presencia del asesino. Y yo he dicho, palmoteándote una mano: ¿Cómo? ¿Te produzco anginas? Y tú has chillado: ¡La sabiduría es poder! Y: Un enano sobre los hombros de un gigante es el más alto de los dos. Y he resumido mi opinión con extraordinaria serenidad: La tontería de confundir una metáfora con una prueba, un torrente de verborrea con un manantial de verdades básicas, y a sí mismo con un oráculo, es innato en nosotros, dijo Mr. Valéry en una ocasión.

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—Lo haré. Buena suerte. Si ambos estamos vivos, la semana próxima o la siguiente nos pondremos en contacto. En la lista de Correos, de Saint Louis. Siento que, esta vez, no haya manera de poder acompañarle con mi cápsula auricular. Hubiese sido bueno para ambos. Pero mi equipo era limitado.

***

Montag sintió como si hubiese dejado un escenario lleno de actores a su espalda. Sintió como si hubiese abandonado el gran espectáculo y todos los fantasmas murmuradores. Huía de una aterradora irrealidad para meterse en una realidad que resultaba irreal, porque era nueva.

La tierra oscura se deslizaba cerca de él, que se avanzando hacia campo abierto entre colinas. Por primera vez en una docena de años, las estrellas brillaban sobre su cabeza, formando una gigantesca procesión.

***

—¡Está bien, ya puedes salir!

Montag retrocedió entre las sombras.

—No tema —dijo la voz—. Sea usted bienvenido.Montag se adelantó lentamente hacia el fuego, y hacia los cinco viejos allí sentados, vestidos con pantalones y chaquetas de color azul oscuro. No supo qué decirles.

—Siéntese —dijo el hombre que parecía ser el jefe del pequeño grupo—. ¿Quiere café?

Montag contempló la humeante infusión que era vertida en un vaso plegable de aluminio y que seguidamente pusieron en sus manos. Montag sorbió cautelosamente el brebaje y se dio cuenta de que los hombres le miraban con curiosidad. Se quemó los labios, pero aquello resultaba agradable. Los rostros que le rodeaban eran barbudos pero las barbas eran limpias, pulcras, lo mismo que las manos. Se habían levantado como para dar la bienvenida a un invitado, y, entonces, volvieron a sentarse. Montag sorbió el café.

—Gracias —dijo—. Muchísimas gracias.

—Sea usted bien venido, Montag. Yo me llamo Granger. —El hombre alargó una botellita de líquido incoloro—. Beba esto también. Cambiará la composición química de su transpiración. Dentro de media hora olerá como otra persona. Teniendo en cuenta que el Sabueso le está buscando, lo mejor es esto.Montag bebió el amargo líquido.

***

 Mejor es guardarlo todo en la cabeza, donde nadie pueda verlo ni sospechar su existencia. Todos somos fragmentos de Historia, de Literatura y de Ley Internacional, Byron, Tom Paine, Maquiavelo o Cristo, todo está aquí.

***

»Cuando en la oscuridad olvidamos lo cerca que estamos del vacío —decía mi abuelo— algún día se presentará y se apoderará de nosotros, porque habremos olvidado lo terrible y real que puede  ser.» ¿Se da cuenta? —Granger se volvió hacia Montag—. El abuelo lleva muchos años muerto, pero si me levantara el cráneo, ¡por Dios!, en las circunvoluciones de mi cerebro encontraría las claras huellas de sus dedos. Él me tocó. Como he dicho antes, era escultor. «Detesto a un romano llamado Statu Quo», me dijo. «Llena tus ojos de ilusión —decía—. Vive como si fueras a morir dentro de diez segundos. Ve al mundo. Es más fantástico que cualquier sueño real o imaginario. No pidas garantías, no pidas seguridad. Nunca ha existido algo así. Y, si existiera, estaría emparentado con el gran perezoso que cuelga boca abajo de un árbol, y todos y cada uno de los días, empleando la vida en dormir. Al diablo con esto —dijo—, sacude el árbol y haz que el gran perezoso caiga sobre su trasero.»

***

Granger miró la hoguera.—Fénix.—¿Qué?—Hubo un pajarraco llamado Fénix, mucho antes de Cristo. Cada pocos siglos encendía una hoguera y se quemaba en ella. Debía de ser primo hermano del Hombre. Pero, cada vez que se quemaba, resurgía de las cenizas, conseguía renacer. Y parece que nosotros hacemos lo mismo, una y otra vez, pero tenemos algo que el Fénix no tenía. Sabemos la maldita estupidez que acabamos de cometer. Conocemos todas las tonterías que hemos cometido durante un millar de años, y en tanto que recordemos esto y lo conservemos donde podamos verlo, algún día dejaremos de levantar esas malditas piras funerarias y a arrojamos sobre ellas. Cada generación habrá más gente que recuerde.

Fuentes

Ray Bradbury
https://raybradbury.com/

Macartismo:
https://es.wikipedia.org/wiki/Macartismo

Comité de Actividades Antiestadounidenses:
https://es.wikipedia.org/wiki/Comit%C…

Fix up
https://es.wikipedia.org/wiki/Fix-up

Fahrenheit 451’ still incites more than 60 years later:
https://news.iu.edu/live/news/25117-f…

Bradbury, Ray. The Fireman
https://www.manhattanrarebooks.com/pa…

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